jueves, 18 de enero de 2018

La evolución de la merienda española


Para saber lo mucho que ha cambiado la vida en nuestro país durante las últimas décadas, sólo hay que fijarse en una cosa, la merienda. Sí, sí, como lo oyen, no hay más que tomar nota del tentempié de media tarde para dar buena cuenta de que ya no somos lo que éramos. No sé si para bien o para mal, pero está claro que la comida es un fiel reflejo de que los tiempos han pasado.
Mis padres, muchos abuelos, se dedicaban un día sí y otro no al pan, vino y (por asomo) el azúcar. También alguna vez hacían migas dulces, sin chocolate la mayor parte de las veces ya que este se reservaba para algún día de celebraciones..., cumpleaños o comuniones,ya saben... No se vayan a pensar que hace cincuenta años la cosa era opípara: una cochera, cuatro sillas, un tablero que hacía las veces de mesa y pasando frío a base de sagato.
La cosa mejora con la llegada de la fruta. Que si una naranja, una manzana, higos, uva, melocotones en verano... pero vamos, que todo muy coyuntural, de temporada, como todo lo que se comía entonces. 


Tortas de chicharrones, bollos de mosto y mantecados eran muy puntuales. Poco a poco fue pasando el franquismo y el pan cobró popularidad, también los fiambres y el chocolate. Embutidos de todo tipo iban saliendo a la palestra, alcanzando su culmen en la era democrática, sobre todo en los ochenta, años en los que las madres cebaban con bocadillos de salchichón, chorizo y mortadela a cualquier despintado, y si no había para tanto, arreglao con cuatro onzas de chocolate. Bocatas y bocatas, de pico o de media barra, la cuestión era morder como si no hubiera un mañana. Los más afortunados podían llenarlos de jamón serrano, untarlos con Nocilla® (la española luce más) o foie-gras de lata (yo nunca he podido con este sucedáneo), y si no, hincarle el diente a una madalena o un trozo sobrante de bizcochada.


La cosa cambio con el petisuí, el pan de molde y la bollería industrial. Y poquito a poco, la dentadura y la tripa se nos fueron aflojando. Los triglicéridos y el colesterol aumentaban en la analíticas infantiles de media España, pero nuestro paladar se fue endulzando, y así pasaba, que algunos solo merendaban fruslerías de cualquier color y tamaño. Primero saladas, como gusanitos, quicos, pipas y arroz inflado, y después galguerías (chuches, para que me entiendan los de fuera de La Mancha), lean picapica, gominolas, regalices, moras, nubes, fresas de nata... en una palabra, guarradas.


Y de esta manera llegamos a nuestros días, en los que todo anda un poco entremezclado. Que si un plátano, bollitos de mantequilla con pepitas de chocolate, palmeras, zumos artificialmente edulcorados, yogures del nuevo milenio... El amasijo es tan variopinto que a veces hasta me da un poquito de asco.


En fin, menos mal que a pesar de las clases particulares, siguen siendo muchos los niños que se toman la merienda en el parque. Entre carrera y carrera, columpio por aquí, columpio por allá, alguna caída, riñas que no falten, y los gritos paternos, le van propinando un bocado y otro bocado. Aunque también es cierto que a muchos, como al protagonista del libro de hoy (¡Más que delicioso! ¡Altamente recomendado!), la merienda se le desvanece como por arte de magia, porque está claro que el parque sigue siendo una aventura, digan lo que digan. Gorriones sedientos, gusanos, peces saltarines y algún que otro perro se pueden agolpar en la tarde para hacer de este momento cotidiano, algo realmente especial.

Pablo Albo y Cecilia Moreno. 2017. La merienda del parque. Narval: Madrid

miércoles, 17 de enero de 2018

¿De dónde sacamos las ideas?


No se crean que cultivar ideas es fácil, no. Lo de encender bombillas, aunque sea de manera metafórica, tiene su intringulis. Está claro que hay personas brillantes, de esas con una inspiración pasmosa. Observadores, creativos y muy espabilados, son capaces de desarrollar los conceptos más complejos de la forma más fácil. Llámenlos genios, talentosos o como quieran, pero el caso es que hay que tener en cuenta que la mayoría no entramos en esta categoría. Entonces, ¿como tienen ideas aquellos que las tienen?


Está claro que creativos de empresas de publicidad, científicos, artistas y escritores tienen a sus espaldas un bagaje más que importante. Gracias al estudio, la práctica y la pericia son capaces de relacionar conceptos y situaciones de otros o de su propia cosecha que les llevan a pergeñar obras de gran calado. Deberían convenir conmigo en ese punto que afirma que la experiencia es un grado y que, cuanto más profundamente conozcamos nuestras respectivas disciplinas, mucho más fácil nos será contribuir a nuevos engendros y creaciones que nos faciliten la existencia o nos llenen de belleza. Originales o no (siempre he considerado que la humanidad hace mucho tiempo que no es demasiado innovadora y que muchas ideas son refritos de otras) todos ellos contribuyen al mundo de la creatividad, ese en el que confluyen campos y disciplinas tan dispares como la cocina, la ingeniería, la arquitectura, la orfebrería, el pret-a-porter o la ilustración infantil.


Es por ello que la gente que trabaja con las ideas, ese mundo en el que Platón tanto profundizó, tiene una serie de recetas o consideraciones que les ayudan en el día a día. De entre todas ellas, tres son mis favoritas... La primera es la de la asociación forzada. Escriba palabras en trozos de papel. Verbos, sustantivos y adjetivos. Coloque estos tres grupos en una bolsa diferente y extraiga uno de cada. Aunque aparentemente la asociación pueda resultarle inconexa, puede que halle en ellas la inventiva necesaria para construir en torno a ella.
¿Qué es un ambiente creativo? Una pinacoteca, un museo de ciencias, una novela, un ensayo, artículos científicos, una conferencia, el jardín botánico, un concierto o ir al cine pueden desatar las ideas que subyacen en nosotros, las agarran con fuerza y las liberan poco a poco. Sumergirse en las ideas a las que otros han dado forma, es una fuente inagotables de acicates y sugerencias para las nuestras propias.
La última es la llamada al profano. Véase mi caso... Cuando no sé de qué hablar, cuando no encuentro la solución a un problema o no encuentro la imagen perfecta, engancho al primero que pillo (generalmente mis alumnos o mi familia) y les planteo el dilema (o quizá otro cualquiera). Escucho su punto de vista, dejo que vayan a su aire, que naden contracorriente, que se líen, que me líen, y con frecuencia, ¡ahí está la fuente de inspiración!


Pero, una vez que tengamos una idea, ¿qué hacemos con ella? Probablemente sea lo más difícil, sobre todo porque, primero, hay que discernir entre lo verdaderamente original y lo manido, segundo, dejarla reposar y madurarla, y por último, hacerla tangible. Eso es sobre lo que trata ¿Qué hacer con una idea?, un álbum hermoso, poético y sugerente de Koby Yamada y Mae Besom, editado recientemente en nuestro país por la editorial BiraBiro, que intenta desde la metáfora hacernos entender que el camino de las ideas es lento pero muy satisfactorio. Con unas ilustraciones que con una pizca de surrealismo (Ese huevo coronado, ¿no creen que tiene algo de Dalí? ¿O quizá de El Bosco?) y basadas en la dicotomía entre el blanco y negro -grafito- y el color, simbolizan una búsqueda necesaria para todos que tiene como fin iluminar el mundo con nuestra inventiva.


lunes, 15 de enero de 2018

Bajando el buche pero comiendo bien


Hablando de morcones con mi compañero el murciano, acabo de darme cuenta de que me he puesto como un trofollo... ¡Qué desastre, dios mío, qué desastre! ¡De cuerpos humanos, de mermas, de lastres! Los años desvanecen el lustre, se diluye la juventud y todo son achaques. Nada. Decidido. Después de un mes padeciendo las bonanzas de polvorones y mazapanes, hay que recuperar la figura...
“Hidratos de carbono”, “abdominales” “colesterol”, “hidratación”, “bajo en calorías” suenan a retahíla, pero estos vocablos son un clásico al principio del año (¿Quién dijo “rebajas” y “cuesta de enero” habiendo kilos de por medio?). Ya saben que nos hemos puesto finos y ahora toca arrancar el año con gimnasios, entrenadores personales, liposucciones y nutricionistas experimentados (¿Qué chirigota decía aquello de “Lo mismo, lo mismo, to' los años lo mismo”...?). ¡Habrá que quitarse las lorzas y prepararse para los cuarenta grados centígrados! Mientras unos sudan en la cinta, otros se pavonean por las clínicas de cirugía estética. Todo vale cuando se trata de lucir palmito, de postureo veraniego. Cada uno saca el mérito de donde lo tiene, unos de la voluntad y otros de la hucha de las propinas, la cuestión es que el Instagram nos luzca, manque pierda.


Yo soy de los de buen comer y mover bastante el fandango. Nada de restricciones agresivas, de hambrunas milagrosas, de bisturís o rutinas macrobióticas. Ejercicio y buenos alimentos es lo básico. Meneen en culo. Yoga, pilates, natación, carrera, un paseo con mueve, bici, fútbol o baloncesto. Después vayan al frigo y echen mano de zumo de limón, naranjas, también miel, queso, abundantes lentejas, garbanzos y arroz, mucha agua, algunos frutos secos, espinacas, acelgas y potajes, cucharas, guisados y pucheros, tomates frescos y aguacate, fibra que no falte, ni vitaminas saludables. Nada de bebidas azucaradas ni ultraprocesados, coma pan con prudencia, evite el exceso de sal y aceites industriales. Desayune con colmo, almuerce con ganas y cene ligero que ahora llega lo peor: acostumbrarse.


¿Quién dijo que haya que renunciar a la buena repostería, a las tortillas de patatas? De eso, nada. Sólo tiene que hacerlos usted mismo. Y si quieren una buena receta, he aquí la de la tortilla española... Casque cuatro huevos hermosos. Bátalos con mucho brío. Añada un vaso de azúcar, otro de aceite, un yogur natural, un chorreón de leche, dos vasos de harina de trigo y un sobre de levadura. Horno a 160º C y ¡voilá!... ¿¡Pero qué digo!? ¡Me traiciona el subconsciente! ¿Será que es lunes o que soy un galgo?... Me habrá pasado como a El ratón que quería hacer una tortilla, un álbum muy divertido de Davide Cali y Maria Dek en el que un buen puñado de animales ponen su grano de arena para echarle un cable al roedor y de paso, endulzarse la vida entre todos.


Les dejo, que hay que darle coherencia a la semana. Lo dicho, hagan el favor de moverse una miaja, porque si le meten kilogramos de alegría al cuerpo y se anclan a la siesta, se pondrán como la Tomata, y no habrá bisturí ni dieta de la piña que valgan.   

viernes, 12 de enero de 2018

Versos para todos los colores


Cuando estamos azules y tranquilos queremos sentirnos rojos y vivos. Alcanzamos el rojo y de repente buscamos el verde sereno. Entonces el verde nos parece poco y nos decantamos por el radiante amarillo. Rojos, azules, verdes, amarillos... la cuestión es estar de un color u otro, pero estar. Y si no los tienes todos, pídelos. ¿Quién quiere un arco iris que yo se lo presto?

Te cuento que hay un iglú
donde vive un pez azul,
que te dice: glu, glu, glu.
¿Es azul el pez azul?

[…]

Te cuento que el cielo azul,
por si no lo sabes tú,
lleva un vestido de tul.
¿Es azul el cielo azul?

[...]


Mar Benegas.
En: El libro azul.
Colección Cocolor.
2017. Litera-Libros: Albuixech.


jueves, 11 de enero de 2018

Amor materno-filial


Aparcada ya la Navidad, nos podemos permitir el lujo de echar la vista atrás para desechar de nuestra retina las imágenes más vergonzantes de todo el año. Más que nada porque la bebida corre a raudales y podemos ingerir la que deseemos sin necesidad de decir basta. Lo malo viene cuando mezclamos ese regusto ligeramente amargo de la resaca con el dulzor de la falsedad navideña, porque le pasa como al vino con el refresco de cola, que el dolor de cabeza dura un rato (¡Ay, qué pena, paisanos, que a Vinos El Gordo le han echado el candado!).
“¡Román, déja de liarnos con metáforas etílicas y ve al grano, odo!” 'Enga cansinos, que ni al propietario de este sitio le dejáis un poquito de estilo... A lo que iba: Que tíos, primos, abuelas, bisnietos y cuñaos son un verdadero latazo, no sólo por los lazos (que también), sino porque parece ser que la Navidad llega con un bono de parientes bajo el brazo. Y eso que las familias ya no son lo que eran (N.B.: En un conteo, grosso modo, concluyo que por cada niño, hay de media seis ancianos), que si no más de uno pedía un ingreso voluntario ¡¡¡como legionario!!!
Y digo: ¿Acaso no tengo bastante con mis padres? Todas las navidades el mismo rollo... “Desagradecido... Juerguista... Crápula... Borracho... Impresentable... Informal... Desconsiderado...” Y yo, boquiabierto y con la misma cara de tonto que pone Jordi ENP, me digo “¿Qué habré hecho? ¿Celebrar la Navidad con ellos?” Acto seguido decido subirle el volumen a mis pensamientos existenciales: “¿Tendré que invertir mi verborrea interna en administrar un poco de amor a estos asuntos terrenales?” (Nota para navegantes: La cosa no es querer a la gente porque sí, como yo hago a todas horas, en inverno o en verano, sino que lo parezca en el momento adecuado)... Dicho y hecho, me pongo al quite. Les doy cera, jabón, lo que ellos quieran. Que brille, que se note... “¡Menudo relumbrón!” “¡Eso es!” “¡Tu sí que sabes!”... Pero al cabo de un rato, ese tañido de cariño explosivo bastante forzado queda en segundo plano.
Y es que el amor auténtico poco sabe de fechas, de abrazos falsos. El cariño se mama, se entrega porque sí, de golpe y porrazo. Desde que nacemos hasta que otros nacen, se instala una entrega mutua que, aunque a veces no destila muchas muestras explícitas, sí que gira y gira, bien por un lado, bien por otro. En sentidos opuestos pero con la misma dirección.
Es lo que nos cuentan Germano Zullo y Albertine en Mi pequeño, un libro-álbum que ha sido editado en castellano (¡y eso que no tiene muchas palabras) por la editorial Limonero, y que no me extraña que recibiera el reconocimiento en la Feria de Bologna, porque esta historia de amor entre madre e hijo bien lo merece.


martes, 9 de enero de 2018

Los meses que nos vienen


Cuando termina un año, otro empieza. Es el ciclo que se repite cada 31 de diciembre. Adiós y hola se fusionan por un instante y el tiempo sigue fluyendo. Aunque parece ser que todo cambiará, la mayor parte de las veces no sucede así y la vida continua con lo malo y lo bueno, dando por zanjado que el calendario es otro engaño humano.


No obstante y por hacerle un guiño al futuro, nos regodeamos con nuestras expectativas, no sólo para ponerle la chispa (o la gripe, como ha sido mi caso) adecuada, sino para enlazar con lo desconocido, que puede ser mucho teniendo en cuenta el vértigo de nuestro devenir. De este guiño esperanzado se alimentan multitud de rituales y gestos que tienen que ver con el año nuevo pero el caso es que lo que viene, aunque guarda cierta relación con el azar, la mayor parte de las veces depende de nosotros mismos y de nada más.


Aunque vivo con los pies en la tierra, he aprendido que la ilusión se alimenta de la capacidad de sacrificio, que llegar hasta una meta no depende de chepas, calvos o tuertos, sino de nuestra incesante persistencia. Es por ello que, en mis “New Year resolutions” habría que escribir “retos” en vez de “propósitos”, ya que casi nada es imposible (bueno, me desdigo: excepto quitarle el remo a Caronte en mitad de un crucero estigio) mientras nos sople un viento favorable.
No se conformen con supersticiones a menos que vivan de ilusiones, otra forma cómoda de subsistir. Dejen pasar los días en vez de contarlos. Inviertan su tiempo, aprovéchenlo. También déjenlo perder (todo vale, incluso vivir), pero no caminen apesadumbrados porque se queman los días, sino porque les damos forma, construimos sobre ellos. 


Empieza el 2018 y yo estoy contento por muchas razones que iré compartiendo llegado el momento. No ganaré mucho, todo sea dicho, pero ¿y lo que me voy a divertir, qué? Pues eso, que lo que no disfruten los humanos que se lo coman los gusanos. Hagan lo que les salga del pijo mientras no jodan a nadie. 
Yo ya pienso en las tardes de invierno, en las conversaciones de terraza, los bailes en mitad de la noche, la brisa de la mañana, el mar y sus susurros, la gente que viene y la que se va, el recuerdo de tus labios, ese flequillo alborotado, las riñas fraternales en las tardes de verano, las quejas de mi padre, y el arroz con pollo de mi madre (N.B: Lo siento Maurice Sendak, pero en este Levante nuestro, no se estila la sopa, en todo caso el arroz caldoso).


Sendak, Maurice. 2017. Sopa de pollo con arroz. Libro de los meses. Ilustraciones del autor. Versión de Gloria Fuertes. Kalandraka: Vigo.


viernes, 5 de enero de 2018

Álbumes ilustrados que podrían editarse en español en 2018 / Picture books that could be published in Spanish in 2018


Cinco días del 2018 y todo sigue su curso. Tiendas atestadas por culpa de los reyes magos, bares un tanto hartos de bullicio y redes sociales que parecen estar bajo los efectos de la cuesta de enero, ¡qué mejor momento para aprovechar y dejarse caer por otros lugares donde campan los monstruos bajo la luz de los libros para niños! Sí, sí, hoy le llega el turno a la selección de libros ilustrados en lengua inglesa, ¡francesa y portuguesa! (este año también he metido mis narices en esos mercados editoriales...) que tanto gusta a padres políglotas, a maestros de inglés, editores patrios en busca de nuevos títulos y otros monstruos curiosos.
Si quieren conocer las razones que pergeñan esta selección, les remito a las consideraciones que expliqué el año pasado y que no difieren mucho de las de este. Antes de comenzar a enumerar títulos, sólo quiero puntualizar que, excepto un título, todos los aquí recogidos pertenecen a obras de ficción ya que hacer extensiva esta lista a álbumes informativos me parecía excesivo, todavía más teniendo en cuenta que la gripe galopante asola mi organismo y me ha impedido ser tan exhaustivo como me gustaría.
Aunque los acompaño de una descripción orientativa, si quieren conocer más detalles de cada título, les animo a sumergirse en los diferentes buscadores y mi amado YouTube para que les saquen de dudas en caso de tenerlas. También les pido que si alguno está editado en castellano pero se me ha pasado (no soy infalible), incluyan el dato y la editorial en los comentarios de esta entrada.
Y deseando que los Reyes Magos se porten bien con todos ustedes (yo con no tener que acudir a los centros de urgencias como medio país me conformo), ¡Allá voyyyy!



Mac Barnett y Jon Klassen. Triangle. De este dúo maravilloso, hay poco que añadir...


Corinna Luyken. The Book of Mistakes. Un libro muy simpático que bebe de otras obras geniales del álbum ilustrado (a ver qué editorial patria les deja averiguarlas...) donde los errores de la autora configuran una historia en la que sumergirse sin dilación.


Giovanna Zoboli y Mariachiara Di Giorgio. Professional Crocodile. Una vida ¿cotidiana? sin palabras que todos tenemos que visitar.  ¡No se la pierdan aunque no la editen en nuestro país!


Idan Ben-Barak y Julian Frost. Do Not Lick This Book. Gérmenes y niños que mordisquean y babean todo tipo de objetos son la excusa perfecta para lanzar un mensaje necesario para muchos libros (y niños comedores de libros). ¡Ea, me ha salido la vena científica!


Anna Walker. Florette. Otro libro para botánicos como el que aquí escribe. Con unas ilustraciones deliciosas, esta historia sobre el cambio de residencia y la capacidad de adaptación a los cambios a través de las plantas me tiene embobado.


Dan Santat. After the Fall: How Humpty Dumpty Got Back up Again. ¿Qué le pasa a Humpty Dumpty (sí, ese huevo de las rimas inglesas que también aparece en la Alicia de Carroll) cuando se cae del muro? Aunque ustedes sospechan algo terrible, quizá se equivoquen...


Jan Campbell y Katie Harnett. Franklin's Flying Bookshop. Franklin el dragón y Luna la niña, traman un plan para compartir su amor por la lectura con ¡una biblioteca voladora!


Bao Phi y Thi Bui. A Different Pond. Diferencias intergeneracionales hacen de este libro una lectura apta también para adultos. En ella se intercalan el pasado y el presente, hechos culturales y, sobre todo, el entendimiento entre padres e hijos. Poesía quieta.


Dashka Slater y The Fan Brothers. The Antlered Ship. A veces hay que abandonar una estabilidad que no te proporciona respuestas para hallar en la aventura las respuestas.


Matthew Cordell. Wolf in the Snow. La amistad brota, incluso en mitad de la nieve. Sobre todo si estamos perdidos...


Oliver Jeffers. Here We Are. Seguro que está ya en la cartera de alguna editorial española pero porsi acaso aquí traigo la última creación de Oliver Jeffers que, en este caso, tiene como protagonista a nuestro planeta. Dónde está, cómo es, quién vive en él, cómo somos los seres humanos que lo poblamos y un sinfín de datos más, nos lanzan un mensaje de amor vibrante e integral hacia nuestro mundo. 


Vern Kousky. The Blue Songbird. Con esfuerzo y perseverancia todo se consigue. Es el mensaje de este libro que participa de un viaje iniciático donde el protagonista debe buscar su propia y sola canción.


Kevin Henkes. Egg. Entrañable, inesperado y humorístico este libro es ideal para pre-lectores o primeros lectores. Cuatro huevos, cuatro colores y una amistad diferente.


Joanne Schwartz y Sydney Smith. Town is by the Sea. El contraste entre la luz del océano y la oscuridad de la mina, guía la mirada del niño protagonista de una historia donde lo personal es eco de las realidades sociales. 


Maria Dek. A Walk in the Forest. La naturaleza y sus maravillas se entremezclan en este libro que protagoniza un niño que descubre el medio natural mediante la propia experimentación y una narración poética y sencilla.


Julie Flogliano y Chris Robinson. When's My Birthday? ¿Qué cosas son necesarias para celebrar el mejor cumpleaños? ¡Aquí las encontrarás!


Emily Jankins y Chris Applehans. A Greyhound, A Groundhog. ¿Por qué la amistad es tan rara e inexplicable?


John McCutcheon y Kristy Caldwell. Flowers for Sarajevo. Esta dramática historia que se sitúa en el comienzo de la guerra de los Balcanes, uno de los más recientes conflictos bélicos de la vieja Europa, está narrada por un chaval que ayuda a su padre en el negocio de venta de flores que regenta en Sarajevo. El odio entre vecinos de distintas etnias y la figura histórica del cellista Vedran Smailovic dan vida a una narración que nos sigue haciendo pensar sobre las fronteras y los hombres.


Peter Sís. Robinson. El gran Peter Sís nos cuenta esta vez su propia aventura hacía la lectura. Tomando como excusa una fiesta de disfraces escolar, el niño y pirata Peter Sís se adentra en el mundo de su libro favorito, Robinson Crusoe.


VV.AA. y Gita Wolf. Sun and Moon. El ciclo día-noche ha inspirado a montones de artistas de todo el mundo en sus narraciones e ilustraciones. En este libro se recogen algunas de la India que merece la pena conocer.


Michel Galvin. Rouge. Esta hermosa metáfora para que cada uno encuentre su lugar en el mundo es además un soberbio ejercicio artístico. Piedras con nombre propio que parecen caramelos se entrecruzan en la búsqueda del protagonista.


Nadine Robert y Gérard Dubois. Au-delà de la forêt. Libro preciosista de carácter, para mi gusto, intimista que narra las peripecias de unos conejos, padre e hijo, que se embarcan en la aventura de ver qué se esconde más allá del bosque, uno que las viejas historias dicen que está abarrotado de ogros, lobos y gigantes, ¿Será verdad?


Clotilde Perrin. À l'intérieur des méchants. Ya mostré páginas de este híbrido entre libro pop-up, libro catálogo y libro-informativo sobre los personajes de los cuentos más conocidos en mi monográfico sobre libros móviles o pop-up. ¡A ver quién se atreve a editarlo!


Claude Ponti. La course en livre. Una extraordinaria carrera a través de las páginas de este libro. Mientras uno va, otros vienen ¿se cruzarán en algún punto de la narración? Numerosos detalles y efectos que animan al pequeño lector a pasar páginas y descubrir el objeto libro.


Davide Cali y Maurizio A. C. Quarello. Cours! Una historia cotidiana donde un chaval canaliza sus miedos y rencores a través del deporte que adopta la forma de híbrido entre álbum y novela gráfica.


Gilles Bachelet. Une histoire d'amour. Ya saben que soy un enamorado de este hombre y sus creaciones. Esta historia de amor entre dos guantes de látex, aunque extraña por personajes y escenarios, es de lo más cotidiana. Quizá el autor quería conciliarse con el amor tras La esposa del conejo blanco...


Olivier de Solminihac y Stephäne Poulin. Les Mûres. Llega el fin del verano y toca hacer las maletas, un regreso al que los niños viven ajenos y siguen con sus peripecias campestres. Recogen moras,un fruto que les traerá a su recuerdo otro dulce momento.


Blexbolex. Nos vacances. En este libro el autor se desmarca de los imagiarios /diccionarios ilustrados para presentarnos la exquisita historia vacacional sin palabras de una niña en la que la imaginación y la fantasía mucho tienen que decir.


Anaïs Brunet. Belle Mansion. Vacaciones, amigos, peripecias y nostalgia veraniega se funden en este poético libro.


Teresa Cortez. Balbúrdia. ¿Qué le pasa a un niño desordenado cuando todos sus juguetes cobran vida? Este álbum nos lo explica con mucho humor y simpatía.


Isabel Minhos y Yara Kono. Cem sementes que voaram. Los mecanismos de dispersión de las semillas y la aritmética tienen mucho que decir en una historia donde se aprende mucho de la naturaleza.


Yara Kono. Batata Chaca Chaca. Cooperación familiar y cocina se aúnan en una historia colorista y simpática.


Daniel Fehr y Bernardo P. Carvalho. A bola amarela. En un partido de tenis muy reñido la pelota sale despedida y los jugadores se ven envueltos en una búsqueda que los llevará a los más extraños escenarios.


Rui Lopes y Renata Bueno. Aquí há gato! Un cuento concatenado donde lo importante es el mundo al revés para hacerle frente a la rutina.


Isabel Minhós Martins, Maria Manuel Pedrosa y Madelan Matoso. Cá Dentro - Guia para descubrir o cérebro. Un álbum informativo sobre el sistema nervioso, qué lo compone y cómo funciona, ¿quién no desea saberlo?



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